Casi nunca nos detenemos a observar lo diminuto. Pero cuando lo hacemos es como si encogiéramos por un instante y accediéramos a un mundo inexplorado y sorprendente que late debajo del nuestro, como si atravesáramos al otro lado de la lupa que nuestra mano sostiene y nos integráramos en esa especie de burbuja habitada por los seres pequeños: texturas asombrosas, complejísimos insectos y minúsculas flores de exquisita delicadeza.
Una imagen, a veces, puede valer más que mil palabras, pero en algunas ocasiones ocurre lo contrario y son las palabras las que exprimen la imagen para rescatar de su hierática quietud un pequeño detalle escondido o una fantasía que la redime del mero retrato de lo cotidiano.
Liliput
Casi nunca nos detenemos a observar lo diminuto. Pero cuando lo hacemos es como si encogiéramos por un instante y accediéramos a un mundo inexplorado y sorprendente que late debajo del nuestro, como si atravesáramos al otro lado de la lupa que nuestra mano sostiene y nos integráramos en esa especie de burbuja habitada por los seres pequeños: texturas asombrosas, complejísimos insectos y minúsculas flores de exquisita delicadeza.