Parezco solo una mancha negra justo en medio de la tela, pero eso precisamente soy yo: la araña. Y estoy ahí encogida, disimulando de mala gana mi legítimo enfado porque mi trampa mortal, esa tela finísima e invisible que ahora parece el pañito de croché de tu abuela por culpa de las diminutas gotas de rocío que penden de los hilos, se ve desde lejos y me va a obligar a quedarme aquí, en ayunas y muerta de frío, hasta que salga el sol y la tela se seque de una puñetera vez y podamos cazar algo que llevarnos a la boca, maldita sea.
Una imagen, a veces, puede valer más que mil palabras, pero en algunas ocasiones ocurre lo contrario y son las palabras las que exprimen la imagen para rescatar de su hierática quietud un pequeño detalle escondido o una fantasía que la redime del mero retrato de lo cotidiano.
Tela de araña
Parezco solo una mancha negra justo en medio de la tela, pero eso precisamente soy yo: la araña. Y estoy ahí encogida, disimulando de mala gana mi legítimo enfado porque mi trampa mortal, esa tela finísima e invisible que ahora parece el pañito de croché de tu abuela por culpa de las diminutas gotas de rocío que penden de los hilos, se ve desde lejos y me va a obligar a quedarme aquí, en ayunas y muerta de frío, hasta que salga el sol y la tela se seque de una puñetera vez y podamos cazar algo que llevarnos a la boca, maldita sea.