Este cactus se llama, no sé si merecidamente, “asiento de suegra”. En medio de las duras espinas retorcidas que protegen la blanda carne verde, el plumoso penacho central escupe de tarde en tarde, muy poco a poco, demorándose a veces durante varios días, una especie de pimiento fucsia que encierra las pequeñas semillas negras. Es como un parto lentísimo, colorido y silencioso.
Una imagen, a veces, puede valer más que mil palabras, pero en algunas ocasiones ocurre lo contrario y son las palabras las que exprimen la imagen para rescatar de su hierática quietud un pequeño detalle escondido o una fantasía que la redime del mero retrato de lo cotidiano.
Espinoso alumbramiento
Este cactus se llama, no sé si merecidamente, “asiento de suegra”. En medio de las duras espinas retorcidas que protegen la blanda carne verde, el plumoso penacho central escupe de tarde en tarde, muy poco a poco, demorándose a veces durante varios días, una especie de pimiento fucsia que encierra las pequeñas semillas negras. Es como un parto lentísimo, colorido y silencioso.