Hay gotas de rocío que se resisten a caer, a disolverse en la oscuridad sedienta de la tierra, y se agarran firmemente a lo que pueden, a una telaraña o al alambre de una cerca, y se quedan ahí colgadas como diminutos mundos transparentes, esperando el sol que las disuelva de nuevo en el aire para ser mañana otra vez escarcha, o nube, o gota de rocío.
Una imagen, a veces, puede valer más que mil palabras, pero en algunas ocasiones ocurre lo contrario y son las palabras las que exprimen la imagen para rescatar de su hierática quietud un pequeño detalle escondido o una fantasía que la redime del mero retrato de lo cotidiano.
Gotas de rocío
Hay gotas de rocío que se resisten a caer, a disolverse en la oscuridad sedienta de la tierra, y se agarran firmemente a lo que pueden, a una telaraña o al alambre de una cerca, y se quedan ahí colgadas como diminutos mundos transparentes, esperando el sol que las disuelva de nuevo en el aire para ser mañana otra vez escarcha, o nube, o gota de rocío.