Los árboles, esos grandullones amables y benevolentes que contemplan desde su majestuosa altura nuestra bulliciosa vida a ras de tierra, se mueven y hacen cosas en las que casi nadie repara. Este enorme ficus, por ejemplo, ha desarrollado un pequeño brazo, como de niño, para rascarse la corteza o quizá por el simple gusto de emular a los humanos.
Una imagen, a veces, puede valer más que mil palabras, pero en algunas ocasiones ocurre lo contrario y son las palabras las que exprimen la imagen para rescatar de su hierática quietud un pequeño detalle escondido o una fantasía que la redime del mero retrato de lo cotidiano.
Ficus mutante
Los árboles, esos grandullones amables y benevolentes que contemplan desde su majestuosa altura nuestra bulliciosa vida a ras de tierra, se mueven y hacen cosas en las que casi nadie repara. Este enorme ficus, por ejemplo, ha desarrollado un pequeño brazo, como de niño, para rascarse la corteza o quizá por el simple gusto de emular a los humanos.